Blog de Psicomotricidad, lenguajes expresivos, sensopercepción, tecnologías de ayuda a la inclusión, accesibilidad y diversidad funcional / discapacidad. Patricia Valenzuela, Psicomotricista.

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Terapia de movimiento rítmico y reflejos primitivos

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Los reflejos primitivos son patrones de movimiento de reacción automática e involuntaria que dirigen los movimientos del feto y el bebé durante los primeros meses de vida. Estos movimientos le permiten al niño atravesar el canal del parto, succionar, parpadear, bostezar, 'tomar' (prensar) el dedo de quien lo coloca en la palma de su mano, etc.
Al mismo tiempo, es sabido que estos reflejos deben desaparecer poco a poco para dar paso a los reflejos posturales controlados desde partes superiores del cerebro, lo que indicaría una evolución neurológica favorable.
Si estos reflejos primarios permanecen activos habrá una debilidad o inmadurez cerebral, afectando no sólo sus capacidades motoras gruesas o finas sino también la percepción sensorial y cognitiva.
La integración de un reflejo supone la adquisición de una nueva habilidad física, cognitiva, emocional y conductual. Algunos reflejos primitivos son importantes para la lectura y la escritura como el reflejo tónico asimétrico del cuello, el tónico simétrico del cuello, el de agarre y el palmomental, entre otros.

Reflejos primitivos que son importantes para la visión
Antes que el reflejo tónico asimétrico del cuello esté integrado, el niño tendrá problemas para cruzar la línea media del cuerpo con las manos o con los ojos. De persistir esta dificultad, puede causarle problemas de lectura debido a una dificultad en los ojos para seguir líneas escritas de izquierda a derecha.
Además, puede haber problemas con la visión binocular y presentar insuficientes conexiones entre los dos hemisferios del cerebro que obstruirían la solidaria cooperación entre éstos, esenciales para el proceso de lectura.
Otro reflejo generalmente no integrado en niños con problemas para leer es el reflejo tónico simétrico del cuello (RTSC). El reflejo está activo en niños que nunca han gateado. El RTSC activo puede causar problemas con la acomodación, p.ej. la habilidad para mirar alternativamente cerca y lejos. Los niños con este problema a menudo son hipermétropes, deben forzar sus ojos para leer y por lo tanto se cansan fácilmente.

Reflejos primitivos y habilidades motoras finas
En la incapacidad para leer y escribir los reflejos de Grasp y el palmomental están a menudo activos.
Estos son reflejos de las manos y si no están integrados generarán problemas con las habilidades motoras finas y la escritura.
Si el reflejo de Grasp no está integrado el niño tiene problemas para sujetar el lápiz correctamente. Puede apretar firmemente el lápiz y tener mala letra. Un reflejo palmomental activo también puede causar habilidades motoras finas deficientes y mala escritura asociado a problemas en la articulación de palabras favoreciendo la aparición de dificultades fonológicas.

La integración de los reflejos
Distintas investigaciones demostraron que much@s pequeñ@s se vieron beneficiad@s con la integración de los reflejos. Un artículo en la revista médica, Lancet, informó sobre un estudio hecho a niños con dislexia que fueron ayudados con ejercicios motores a la integración del reflejo tónico asimétrico del cuello (RTAC). Estos niños mejoraron significativamente su habilidad para leer y escribir, comparada con un grupo control que no tuvo dicha ayuda y que sus reflejos permanecieron sin cambios.
El psicólogo británico Peter Blyte, durante más de treinta años ha ayudado a niños con dislexia a integrar sus reflejos primitivos y ha desarrollado ejercicios que los niños pueden hacer para integrar diferentes reflejos primitivos.

Terapia de movimiento rítmico
En este sentido y mediante la observación de los movimientos espontáneos de los bebés y los efectos que estos mismos tenían a nivel neurológico, Kerte Linde, fotógrafa sueca aficionada, desarrolló esta técnica considerando que los movimientos rítmicos que el bebé hace antes de aprender a andar son importantes no solo para la integración de reflejos sino para la maduración del cerebro.
Según su teoría, los ejercicios rítmicos estimulan las redes nerviosas, la mielinización de las fibras nerviosas y desarrollan la red neuronal de la lectura del neocortex. Los ejercicios mímicos ayudan a integrar los reflejos primitivos que son importantes para la lectura y la escritura, como el reflejo tónico simétrico del cuello, el reflejo de Agarre (Grasp) y el palmomental.
Al mismo tiempo, los ritmos estimulan el cerebelo y los centros del habla en el lóbulo izquierdo del cerebro y cuando éstos centros son estimulados el habla mejora, como puede observarse en el caso de niños con diferentes discapacidades.
Cuando la estimulación no ha sido la correcta, el bebé no ha realizado los movimientos espontáneos que necesita para su desarrollo (por problemas pre, peri o postnatales) y/o no ha cumplido adecuadamente todas las etapas de su desarrollo durante el primer año de vida, pueden producirse bloqueos en el desarrollo con los consecuentes problemas antes mencionados. Si las partes inferiores del cerebro no han madurado, las superiores, encargadas de funciones esenciales para el aprendizaje, no lo harán; por lo tanto es preciso estimular estas zonas inferiores para poder así permitir que maduren todas las demás áreas. Para ello es necesario utilizar técnicas de estimulación específicas.
Para subsanar las carencias o déficits en el desarrollo se realizarán movimientos parecidos a los que hace el bebé de forma natural. Éste es el objetivo de los movimientos rítmicos que componen la TMR (terapia de movimiento rítmico y reflejos primitivos), que intenta imitar los movimientos de balanceo repetitivos con los que experimentan y evolucionan los bebés en su primer año de vida.
Dichos ejercicios son suaves, sencillos, eficaces y pueden hacerse de forma pasiva, es decir, abordando el terapeuta al paciente, como de forma activa; todos los días durante un año más o menos.
Es a través de la estimulación sensorial y del movimiento principalmente, que las zonas más básicas y primitivas del cerebro (las que reciben esta estimulación de forma más directa) se activan, se desarrollan y a su vez se conectan con otras zonas más evolucionadas. Para que el cerebro esté maduro, no sólo es necesario que todas las zonas estén estimuladas y activas, sino que estén interconectadas unas con otras, funcionando de forma conjunta. Por lo dicho anteriormente, se desprende además, que esta terapia mejora el tono muscular, relajando tensiones y espasticidades.
  • ¿En qué casos se aplica esta terapia?
  • Dislexia y dificultades de aprendizaje.
  • Hiperactividad.
  • Problemas de lateralidad y movimientos cruzados.
  • Problemas de atención y concentración.
  • Problemas de comportamiento: introversión y timidez o agresividad.
  • Palabras entrecortadas, lenguaje pobre y tardío.
  • Malas posturas.
  • Pobre coordinación ojo-mano.
  • Poco equilibrio.
  • Pobre coordinación.
  • Malas posturas a la hora de escribir.
  • Enuresis, y problemas para controlar esfínteres.
  • Problemas para aprender a dar volteretas (medias lunas, vueltas carnero, saltar con un pie o andar en bicicleta).
  • Mareo por movimiento.
  • Hipersensibilidad a la luz, al tacto, a los estímulos visuales o kinestésicos.
  • Escritura inentendible o desprolija.
  • Distracción.
  • Impulsividad.
  • Problemas de organización.
  • Todos éstos son posibles síntomas de reflejos primitivos no integrados.
Blogs y sitios destacados y expertos en el tema:

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Inestabilidad Psicomotriz II

El diagnóstico diferencial del inestable psicomotriz, debe llevarlo a cabo  un equipo entre los que se encuentran: neurólogo, psicomotricista, kinesiólogo y psicólogo. El docente podrá sugerir a los padres realizar una visita al pediatra, con un informe detallado de las características y comportamiento del niño dando su diagnóstico presuntivo, y es éste, quien dispondrá como se iniciará el diagnóstico y seguimiento.
El tratamiento específico se realiza a nivel motor, pero este no podrá llevarse a cabo en su plenitud dentro de la escuela; por lo tanto, el docente deberá pedir informe a los profesionales que trabajan terapéuticamente con el niño, para conocer la magnitud del problema y solicitar estrategias de trabajo en cuanto a tiempos, modalidad, exigencias, etc. Al niño inestable le será muy complicado el manejo del cuaderno y el cumplimiento a término de la tarea escrita, entonces el maestro podrá colaborar manejando con marcas la disposición de las tareas, y controlando los tiempos.
Puede ser útil el uso de 'carteles' para centrar la atención del niño solo en la resolución de la tarea. A nivel gráfico, la inestabilidad puede provocar disgrafías, la que será tratada específicamente siendo, a veces, tan sólo una ejercitación caligráfica.
El tratamiento desde la Psicomotricidad
Debe ser tratado periódicamente con reeducación psicomotriz con ejercicios de estructuración de ritmo, desplazamiento en el espacio, conocimiento progresivo del cuerpo y de sus articulaciones que son la base del desarrollo de la coordinación y que permitirán el control del movimiento y los gestos. Desde el punto de vista técnico-instrumental el aporte del abordaje psicomotor puede pensarse desde la administración de tres recursos básicos: relajación  y  ejercicios de distensión, juego corporal y técnicas grafoplásticas.

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Inestabilidad Psicomotriz I

El neuropsiquiatra Julián de Ajuriaguerra define como Inestabilidad Motriz a la “...incapacidad para permanecer en un sitio, y a menudo, una actividad motriz inútil”.
Según el Diccionario de Psicología de Alberto Merani “se caracteriza por desajuste motriz, pequeños movimientos parásitos, incapacidad para permanecer inmóvil y reactividad muy viva”.
Henri Wallon ha reunido sus investigaciones en relación a las conductas de inestabilidad en un libro cuya traducción al castellano es El niño turbulento (o El niño revoltoso (1925); el término turbulencia caracteriza el exceso de movimiento sin intencionalidad productiva o comunicacional directa (o fácilmente decodificable). En dicha obra dice: “...la excitación (sensitivo-emocional), prescindiendo de la representación por el acto, se descarga inmediatamente sobre la esfera motriz en lugar de propagarse conmoviendo y secretando la conciencia”.
Daniel Calmels, psicomotricista y escritor, refiere que “La observación demuestra que el niño con hiperactividad no presenta un aumento de sus actividades, sino una ausencia o trastorno en la resolución o realización de estas. Lo que el niño no puede realizar es comenzar-continuar-terminar un movimiento volcado hacia un fin determinado. El niño inestable está impedido de la acción que conduce al acto. Hay una hipermovilidad, sin una causal prefijada, o si esta existe no llega a resolverse en su totalidad. Un niño inestable, en el real sentido de la palabra sería aquel que se compromete con una cantidad excesiva de actividades, para lo cual se requiere de un monto de atención considerable.” (Extraído de: Trastornos en el desarrollo infantil, Capítulo III, Colección dirigida por Jaime Tallis, Buenos Aires Miño y Dávila, 2002.)
El niño con inestabilidad psicomotriz, entonces, es incapaz de inhibir sus movimientos, así como la emotividad que va ligada a éstos.
Es incapaz de mantener un esfuerzo de forma constante y se muestra muy disperso. Suele predominar la hiperactividad y las alteraciones en los movimientos de coordinación motriz. Hay una constante agitación motriz.
La tendencia a trepar y subir, para luego saltar, es un rasgo común, buscando en estas experiencias un encuentro particular con su cuerpo en el momento de la caída.
Suele tratarse de un niño problemático y mal adaptado escolarmente; presenta problemas de atención, de memoria y comprensión, así como trastornos perceptivos y de lenguaje. El propio fracaso escolar aumenta su desinterés por los aprendizajes desencadenándose toda una secuencia de alteraciones que recaen a su vez sobre otras.
Se trata de una agitación continua y desordenada, sin un objetivo útil en relación con una tarea. El niño presenta necesidad de movimiento y de contacto excesivo, que no puede satisfacer.
A menudo son niños muy emotivos resultando difíciles sus relaciones. Se puede distinguir dos tipos de inestables psicomotores:
Los que padecen un trastornos genético o neurofisiológico posiblemente hereditario o traumatismo orgánico. O aquellos cuya inestabilidad esta más relacionada con traumatismos psico-afectivos, o que pueden estar relacionados con una inseguridad y una inestabilidad del medio.
Esta última definición, es la que más nos interesa dentro del contexto de estudio de la psicomotricidad. La separación o la ausencia de los padres y la inseguridad del medio de vida o del entorno, contribuyen a esta falta de maduración psíquica y motriz.

Detección
En el ámbito escolar nos encontraremos con un niño sumamente difícil de manejar. Es aquel que estará constantemente agitado, no logrando quedarse quieto y perturbando la clase.
Estos niños no se mantienen sentados y, por lo tanto, no responden a la tarea escolar, no prestan atención y no se concentran.
Sus cuadernos suelen ser incoherentes en cuanto a la ubicación espacial y la secuencia de tareas.
Las fallas escolares despiertan en él otras atracciones tales como ser líder, ser gracioso, hablar constantemente y dificultar la tarea de la clase en general. En cuadros más severos, esta inestabilidad dentro del marco escolar, despierta en el niño cierta agresividad, producto de la gran actividad impulsiva y la imposibilidad de compartir con otros niños la clase.
Desde el punto de vista motor, al estar el niño siempre agitado, presenta a menudo tics, tartamudez y otros trastornos de lenguaje; su coordinación motriz está perturbada y su relación con los objetos sufre su falta de control tónico motor.
Afectivamente, nos encontramos ante un niño hiperemotivo, generalmente se opone a todo, rechaza constantemente y, tiende enojarse con facilidad.
Todas estas características de gran impulsividad para actuar, frecuentemente van acompañadas de una agresividad que puede volverse sobre sí mismo.

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