Blog de Psicomotricidad, lenguajes expresivos, sensopercepción, tecnologías de ayuda a la inclusión, accesibilidad y diversidad funcional / discapacidad. Patricia Valenzuela, Psicomotricista.

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Intervención digital urbana


"en el espacio urbano se entrecruzan tanto el espacio arquitectónico como el espacio-tiempo de los cuerpos; en este tejido se da una tensión permanente de relaciones de fuerza entre el poder y las resistencias”.






En este video vemos cómo el artista británico Chris O’shea, diseñador y especialista en artes visuales, irrumpe el ambiente arquitectónico urbano con las nuevas tecnologías con un fin artístico e interactivo permitiendo a sus habitantes participar voluntariamente y por un instante de una exploración corporal en un tiempo y espacio lúdico, espontáneo, fugaz y divertido.
Vale decir que en el comportamiento kinésico de las sociedades, se transparentan las tensiones biopolíticas. En esta intervención artística no se observa ninguna tensión apriori. Podríamos decir muchas cosas acerca de la arquitectura y los sujetos que allí vemos: la mirada debe ir más allá para el que analiza. Sin embargo, por el momento, y a los efectos de disfrutar la obra quedémonos en la intención del artista.
Christlieb amplía su concepto de arquitectura interior de los cuerpos: “El cuerpo es un espacio en el mismo grado arquitectónico que los otros espacios, como puede verse en el hecho de que se hable cotidianamente del ‘interior’ para referirse a los pensamientos y sentimientos que habitan el propio cuerpo. El espacio individual es en realidad un poco más grande que el propio cuerpo, como si se tuviera un halo del tamaño de la apariencia vestimentaria, de los movimientos y posicionamientos, de los tonos de voz, de los estilos personales y las gesticulaciones, en franca continuidad con el espacio contiguo; también el individuo continúa hacia adentro con una departamentalización más o menos isotópica, que tiene igualmente sus lugares públicos y privados: en la parte pública, accesible, ubica las ideas e imaginarios colectivamente admitidas como racionales, razonables, civilizadas, agradables, publicables: lo público individual ha recibido el nombre de ‘lo consciente’, mientras que su parte más privada, alejada, cerrada, excusada finalmente, recibe el nombre de ‘lo inconsciente'...”
Tenemos cuerpos individuales configurados bajo normativas externas y cuerpos sociales que en conjunto conforman la biopolítica de la sociedad. Sin cuerpo humano, sea cual fuere la forma, no hay política.

Dice Gilles Deleuze: ¿Qué pasa sobre el cuerpo de una sociedad? Flujos, siempre flujos. Una persona siempre es un corte de flujo, un punto de partida para una producción de flujos y un punto de llegada para una recepción de flujos. O bien una intersección de muchos flujos. Flujos de todo tipo. (Derrames. Entre el capitalismo y la esquizofrenia).

Ese intercambio, esa red de configuraciones, producciones y resistencias ocurre en espacios planificados. Lo no visible y determinante también es la dinámica de relaciones que establece la biopolítica de los cuerpos, que generalmente ocurre en un espacio urbano.

Material de consulta:
Biopolítica de los cuerpos jóvenes: aproximación e inventario.
Mariana Chávez
Corrección: Martín Azcurra

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Psicomotricidad del adulto mayor. Ejercicios.

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El avance de la edad viene acompañado de una disminución del tono muscular y amplitud articular y disminución de la coordinación motora, en especial de las capacidades respiratorias. La senescencia fisiológica de nuestro organismo se da a través de alteraciones irreversibles como consecuencia del transcurso del tiempo, lo cual provoca un retroceso progresivo de la capacidad funcional del organismo en general.
La psicomotricidad del adulto mayor debe ser conservada el mayor tiempo posible y mejorada o adaptada a través de ejercicios que le permitan un bienestar individual y social en esta etapa de la vida.
Es la relación entre la función motriz y la capacidad psíquica en que la psicomotricidad contempla aquellos factores socio-afectivos del paciente que lo llevan a establecer un comportamiento y sentimientos particulares hacia el mundo que lo rodea.
El movimiento como base de la terapia no se reduce a una actividad mecánica, sino que está influido por la función psíquica del individuo. El movimiento será el medio a través del cual el individuo se pone en relación con lo que lo rodea; es por ello que se puede deducir que la psicomotricidad puede modificar y mejorar las relaciones interpersonales.
Psicomotrocidad del adulto mayor. Ejercicios.

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Anatomía para el Movimiento - Blandine Calais


[RE- POST: 30/04/2013]
Anatomía para el Movimiento I y II son libros de Blandine Calais utilizados en diversos centros de formación de técnicas corporales (Universidad de Montpellier, Universidad de Estrasburgo, Federación de profesores de Yoga de París, etc.). Su pedagogía empieza en la escuela Montessori y su formación en fisioterapia se complementa con métodos de trabajo corporal como el de Mezieres o Integración Postural.
El presente libro, ilustrado por la propia autora, se a convertido en manual de base para muchos estudiantes de medicina, fisioterapia, danza, educación física y diversas técnicas corporales.
Según ella, "Es un libro de base, no es un libro para un nivel alto. El objetivo que yo me había fijado es llevar la anatomía casi hasta el público, ya que la información la he filtrado casi en una décima parte; podría ampliarlo a un segundo o tercer nivel con el mismo principio.
Entre la visión personal como terapeuta y la enseñanza que transmitimos, hay una gran pérdida de definición, es inevitable, a menos que se enseñe a una sóla persona. Cuando hacemos pasar cosas sutiles casi impalpables a veinte personas, a veces, tenemos que volver a repetir para su comprensión."



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Reacciones de prestancia en psicomotricidad

Designan a las reacciones por las que el sujeto manifiesta su necesidad de hacerse notar. En estas reacciones, el otro está profundamente implicado, puesto que es bajo su mirada que el individuo se hace una imagen de sí mismo a la que hace corresponder un comportamiento, que podrá ser proyectivo (identificación) o defensivo (rechazo).
El sujeto confiere a la imagen de su cuerpo un poder significante que confirma con un comportamiento (autoritario, pasivo, agresivo), a través del cual intentará hacerle aceptar o tendrá valor conjuratorio (perfeccionismo) en una situación dada. El cuerpo, por lo tanto, en este proceso, desempeña a la vez un papel pasivo de objeto, que se debe adaptar a una situación, y un rol de expresión y afirmación de una personalidad propia en esta situación.
Se observan reacciones de prestancia anormales y exageradas entre sujetos inhibidos, tímidos o caracteriales.
Wallon sitúa las primeras reacciones de prestancia hacia la edad de 2 ½ -3 años. El niño experimenta cierta molestia, o se siente turbado realizando su actividad, se vuelve hipersensible ante la presencia de otros de los que nota que tienen centrada la atención sobre él. El niño se siente visto por otros y toma consciencia de su propia personalidad. Este período se caracteriza por una conducta de oposición (tonterías, obstinaciones). Esta afirmación de sí se va enseguida, después de los cuatro años, por el placer de hacerse ver y de hacerse amar y admirar por el Otro.
Las reacciones de prestancia nos informan sobre la polivalencia de nuestra personalidad y sobre su adaptabilidad, pero también sobre los procesos de individualización en el control postural, en el movimiento y en el gesto.
“Estas reacciones son la expresión postural, mímica o gestual de malestar o confusión en una situación de relación. Esta realización puede ser… compensatoria, siendo entonces una actitud de desafío ventajoso, un intento de parecer sereno; son reacciones de prestancia descritas por Wallon, que tienen un carácter frecuentemente forzado, brusco, un poco teatral…”

Del libro "Las 50 palabras claves de la PSICOMOTRICIDAD",
Editorial Médica y Técnica, S.A.

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Neurociencias: cerebro, cuerpo, educación y... movimiento

Ahora bien, el advenimiento de las neurociencias ha sido gratificante para muchos, entre los que me incluyo. Como psicomotricista, sin embargo, me veo en la obligación de insistir una y otra vez que  considerando al sujeto como un todo integral e integrado socioafectivamente, no se puede ponderar sólo al cuerpo (ni su superficie exteroceptiva,  propioceptiva o interoceptiva), ni sólo a las funciones cerebrales superiores.
Pareciera que por alguna razón en los discursos de unos u otros científicos siempre se olvida de un nexo de relevancia en psicomotricidad: el movimiento. Dirán uds.: ¡pero cómo, si no siempre se "aprende" a través del movimiento!, ¿cómo logran el conocimiento entonces, aquellos que por alguna razón lo tienen dificultado?
Respondo. Siempre hay movimiento. Neural, muscular voluntario... De lo contrario no habría vida. Solemos olvidar al "sistema nervioso autónomo que es sobre todo un sistema eferente e involuntario que transmite impulsos nerviosos desde el sistema nervioso central hasta la periferia estimulando los aparatos y sistemas órganos periféricos. Estas acciones incluyen: el control de la frecuencia cardíaca y la fuerza de contracción, la contracción y dilatación de vasos sanguíneos, la contracción y relajación del músculo liso en varios órganos, acomodación visual, tamaño pupilar y secreción de glándulas exocrinas y endocrinas, regulando funciones tan importantes como la digestión, circulación sanguínea, respiración y metabolismo".
Con los movimientos que ofrece este sistema, los otros subsistemas y el SN Somático, generando nuevas y viejas conexiones neuronales, facilitando el flujo de neurotransmisores, estimuladas a través de diversos mecanismos, los psicomotricistas hemos de intervenir en áreas que para muchos están vedadas por desconocimiento. A saber: cognitivas, praxias fonoarticulatorias, conductuales y psico-emocionales que han quedado o no como secuela de algún trastorno.
Para ir pensando dejo este video del genio Diego Golombek y más abajo un extracto de "El Error de Descartes / El Cerebro Centrado en El Cuerpo", de Antonio Damasio. Quien desee saber más sobre este último autor y enterarse de otras miradas, visitar el blog de Arturo Goicoechea.

Diego Golombek - "Primer Simposio de Neurociencias y Educación
 organizado por INECO y Universidad de San Andrés.


El Error de Descartes /El Cerebro Centrado en El Cuerpo/

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Encefalopatía Hipóxico Isquémica

Es el síndrome producido por la disminución del aporte de oxígeno o la reducción del flujo sanguíneo cerebral al encéfalo. Si se priva al encéfalo del oxígeno, el resultado será EHI secundario a hipoxia cerebral. Si se priva al encéfalo de un adecuado flujo sanguíneo, el resultado será isquemia cerebral.
Puede ser provocada por a) una hipoxemia sistémica (asfixia, insuficiencia respiratoria), b) una alteración en el transporte del oxígeno (anemia aguda, intoxicación por monóxido de carbono) o c) una reducción del Flujo Sanguíneo Cerebral global (paro cardíaco).
La encefalopatía hipóxico-isquémica es una entidad que se presenta en recién nacidos de término y pretérmino que han sufrido antes, durante o posteriormente al nacimiento una agresión relacionada con la falta de oxígeno (asfixia perinatal).

Clínica
Tiene una gama diversa de signos y síntomas que están relacionados con el tiempo de hipoxemia o asfixia, la forma de presentación y los fenómenos bioquímicos que se establecen por la falta de oxígeno, así como también se ha visto relacionado con la respuesta de los vasos sanguíneos y los territorios que irrigan dentro del tejido cerebral.
La EHI denota la interrupción del aporte de nutrimentos vitales al encéfalo, en particular oxígeno y glucosa, en grado suficiente para originar un daño potencialmente irreversible. La mayoría de los casos de EHI son consecuencia de daño en el periodo prenatal, a su vez causado por asfixia intrauterina, con disminución del intercambio de gases a través de la placenta, y con insuficiencia respiratoria en el neonato. Una vez nacido el niño, varias entidades pueden causar EHI, tales como: disfunción respiratoria secundaria al síndrome de dificultad respiratoria aguda, crisis apnéicas repetitivas o cortocircuito intenso de corazón derecho e izquierdo como consecuencia de una cardiopatía congénita o persistencia de la circulación fetal.

Causas más comunes de asfixia cerebral en el niño en orden de prevalencia:
Obstrucción de vías respiratorias altas: Difteria - Obstrucción por cuerpo extraño - Inflamación a nivel supraglótico – Angioedema - Traumatismo - Absceso, infección bacteriana - Vías respiratorias bajas - Ahogamiento (en agua) - Lesión por inhalación – Asma – Neumonía – Bronquiolitis - Displasia broncopulmonar - Traumatismo del tórax - Obstrucción por cuerpo extraño.
Sistema nervioso: Traumatismo craneoencefálico - Infección del SNC – Botulismo - Traumatismo de la columna cervical - Hipertensión intracraneal - Estado epiléptico.
Aparato cardiovascular: Cardiopatías congénitas - Choque cardiogénico – Disrritmias – Miocarditis - Derrame pericárdico - Arteriopatías coronarias.
Otras: Lesión por rayo y corriente eléctrica - Síndrome de muerte súbita del lactante - Quemaduras - Intoxicaciones - Trastornos metabólicos.

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Trastorno Oposicionista Desafiante (TOD)


Importancia de la evaluación y el tratamiento
El trastorno oposicionista desafiante se presenta en comorbilidad habitual con otras enfermedades psiquiátricas y puede preceder la aparición de trastorno disocial, abuso de sustancias y otros cuadros.
Dres. Steiner H, Remsing L. / SIIC
Vía Intramed


Introducción y objetivos
Uno de los trastornos de la conducta disruptiva más frecuentes observados en los niños y adolescentes es el trastorno oposicionista desafiante (TOD). Esta enfermedad se presenta en comorbilidad habitual con otros trastornos psiquiátricos y puede preceder la aparición de trastorno disocial, abuso de sustancias y otros cuadros. El tratamiento de estos pacientes puede ser difícil y requerir intervenciones psicosociales y farmacológicas, y debe administrarse lo antes posible para aumentar la probabilidad de eficacia y evitar una evolución desfavorable.
El objetivo del presente estudio fue elaborar recomendaciones para la evaluación y el tratamiento de los pacientes de hasta 18 años con TOD. Con este fin, se llevó a cabo una búsqueda de información mediante el empleo de las bases de datos PsycINFO y Melvyl, que se actualizó periódicamente para incorporar nuevos artículos.

Historia y epidemiología
El TOD apareció como enfermedad diagnóstica por primera vez en la tercera edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-III) publicada en 1980. El aumento de la precisión de los criterios para el diagnóstico se asoció con la disminución de su prevalencia. Los resultados de los estudios al respecto fueron heterogéneos, ya que la prevalencia varía entre el 1% y el 16%, según la metodología y los criterios de evaluación aplicados. Es necesario contar con información adicional sobre la prevalencia del trastorno en los niños de edad preescolar. No obstante, puede afirmarse que es más frecuente en presencia de un nivel socioeconómico bajo. Si bien se informó mayor frecuencia en los varones y durante la etapa prepuberal, se requiere más información para obtener conclusiones definitivas.

Etiología y factores de riesgo
La mayoría de la información sobre la etiología y los factores de riesgo del TOD proviene de estudios sobre el trastorno disocial. El origen del trastorno se vincula con factores biopsicosociales.
Comprender su etiología es fundamental para intervenir en forma temprana y aumentar las probabilidades de tratamiento eficaz.
En general, se considera que los factores biológicos son importantes en su aparición, ya que puede observarse el agrupamiento familiar de trastornos del mismo espectro. La información en este sentido es heterogénea, si bien se informó la importancia del temperamento y de factores exógenos, como la exposición a toxinas o a nicotina durante la vida intrauterina. También se destacó el papel de la afectación de la corteza prefrontal y de la neurotransmisión serotoninérgica, noradrenérgica y dopaminérgica, entre otros factores.
Entre los factores psicológicos se incluyen el apego inseguro y la crianza por parte de padres indiferentes. Los factores sociales como la pobreza, la violencia comunitaria y la falta de infraestructura también aumentan la probabilidad de presentarlo. Asimismo, los procesos sociales intrafamiliares se relacionan con la patogenia de la conducta disruptiva. Entre estos procesos se menciona la coerción, la falta de supervisión por parte de los padres y el abuso infantil.

Presentación clínica y evolución natural
El cuadro clínico se caracteriza por comportamiento negativista, hostil o desafiante que afecta el funcionamiento y se presenta durante un período mínimo de 6 meses. La imposibilidad para controlar el temperamento y el enojo y la venganza dirigidos hacia una figura de autoridad también son característicos. El diagnóstico suele efectuarse en niños de edad escolar y el cuadro clínico es menos grave en comparación con lo observado en presencia de trastorno disocial y otros trastornos disruptivos de la conducta.
Algunos autores refieren que los criterios diagnósticos existentes no serían aplicables de igual modo a varones y mujeres, ya que estas últimas manifestarían la agresividad en forma más indirecta. La mayoría de los niños no cumple los criterios para el diagnóstico de TOD luego de 3 años de seguimiento. El inicio temprano de la enfermedad se asocia con pronóstico más desfavorable. A medida que avanza la edad es más frecuente observar comorbilidad con el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), los trastornos de ansiedad y los trastornos del estado de ánimo.

Comorbilidad y diagnóstico diferencial
Los criterios para el diagnóstico de TOD o trastorno disocial difieren claramente. No obstante, la información sobre la posibilidad de comorbilidad entre ambos es poco precisa. Entre las enfermedades que deben distinguirse del TOD también se destaca el TDAH. La comorbilidad entre el TOD y el TDAH o el trastorno disocial se asocia con pronóstico desfavorable. Se propuso que el TDAH favorece la aparición de TOD y la transición entre el trastorno disocial y el TOD. La frecuencia de comorbilidades psiquiátricas y disfunción familiar y social es significativamente superior en los pacientes con TOD en comparación con lo observado en pacientes con otros trastornos psiquiátricos. También se sugiere una frecuencia elevada de comorbilidades con los trastornos del aprendizaje y del lenguaje. Siempre debe considerarse la posibilidad de abuso de sustancias, trastornos del estado de ánimo y trastornos de ansiedad.

Estrategia preventiva
La prevención es un factor clave y puede aplicarse en el ámbito escolar, médico y comunitario. La aplicación de programas como el Head Start en niños de edad preescolar puede ser de utilidad para evitar las conductas delictivas. Las visitas a las familias de riesgo en sus propias casas también arrojaron resultados positivos. El apoyo de los padres de los niños en edad escolar mediante estrategias de psicoeducación destinadas a favorecer la resolución de conflictos, el manejo del enojo y las habilidades sociales son muy útiles. En la adolescencia, la prevención puede realizarse mediante psicoeducación, entrenamiento vocacional y preparación académica. Los programas escolares también sirven para mejorar la conducta antisocial. Por último, se informó que los abordajes grupales no dan buenos resultados, ya que pueden favorecer el comportamiento antisocial.

Recomendaciones para la evaluación y el tratamiento de los pacientes con TOD

  • La evaluación y el tratamiento satisfactorios de los pacientes con TOD requieren la conformación de una alianza con el paciente y su familia.
    Esta alianza deberá construirse con el paciente y la familia por separado. Es importante que el profesional aclare que su papel es ayudar al paciente. Otro factor para tener en cuenta es que la obtención de demasiada información mediante entrevistas a los padres y los maestros puede favorecer la alienación del paciente. Dado que los pacientes no suelen reconocer su problema y no tienen motivaciones para resolverlo, es importante tener empatía respecto del enojo y la frustración en lugar de condenar la conducta oposicionista y desafiante. En general, los pacientes son conscientes de su conducta y buscan explicarla en forma racional, aunque no encuentran satisfactorio su accionar. En este contexto, los profesionales deben conformar una alianza y procurar que los padres no se sientan acusados o juzgados. Es de utilidad brindar estrategias de crianza para afrontar los problemas de conducta del niño que serán discutidas para esclarecer las dudas y disminuir el nivel de frustración de los padres.
  • Es fundamental tener en cuenta las cuestiones culturales a la hora de efectuar el diagnóstico y administrar un tratamiento. Si bien no existe información suficiente sobre este tema, es sabido que los estándares de crianza pueden diferir según el origen racial y que esto debe ser considerado por parte de los profesionales. En este sentido, resulta interesante evaluar los estándares de obediencia y crianza, ya que la disciplina es un punto clave de discusión con la familia y los pacientes que presentan TOD.
  • La evaluación del TOD requiere la obtención de información aportada por el paciente y sus padres respecto de los síntomas principales, la edad de inicio, la duración de los síntomas y el nivel de afectación funcional. Los problemas de los pacientes con este trastorno se inician en el hogar y se trasladan a otros contextos. En general, las formas de agresión son leves y verbales, y no alcanzan la gravedad observada en los pacientes con trastorno disocial. Si bien el paciente justifica su conducta según las circunstancias, la afectación es progresiva e involucra cada vez más áreas de funcionamiento. En presencia de una conducta oposicionista aislada en pacientes con niveles adecuados de funcionamiento, el pronóstico será más favorable. Siempre debe evaluarse la existencia de factores desencadenantes vinculados con la actitud de los padres hacia los niños, entre otros. Si bien en el DSM-IV-TR se incluye una afectación de 6 meses de duración para efectuar el diagnóstico, la intervención terapéutica será necesaria antes de cumplirse este período. Es fundamental supervisar el acceso de los pacientes a armas y su papel de víctima o responsable a fin de estimar el riesgo de violencia vinculado a su accionar.
  • Los profesionales deben considerar la presencia de comorbilidades. Esto es importante, ya que la frecuencia de comorbilidades es casi siempre elevada en los pacientes con TOD y se las debe tratar tanto como al propio trastorno. Ese tratamiento puede favorecer la mejoría y disminuir la probabilidad de evolución desfavorable. Siempre debe evaluarse el control pediátrico adecuado según la edad de cada paciente.
  • Puede resultar útil tener en cuenta información proveniente de diferentes fuentes. Estas fuentes incluyen los cuidadores, los maestros y otros profesionales del ámbito escolar y pueden ser útiles para conocer la conducta de los niños en diferentes entornos sociales. Así, se puede apreciar la cantidad de áreas de funcionamiento afectadas y confirmar el diagnóstico. En general, el nivel de coincidencia de la información aportada por informantes múltiples es bajo y el profesional deberá evaluar la importancia clínica de los datos recabados. La información aportada por los maestros y los padres muchas veces no coincide. No obstante, discrepa frente a lo referido por los pacientes. En todos los casos, la información brindada por los pacientes se considera un predictor de estabilidad más adecuado.
  • El empleo de cuestionarios y escalas de evaluación puede ser de utilidad para evaluar a los pacientes con TOD y controlar su evolución. Existen numerosas herramientas para estimar la conducta. En este sentido pueden resultar útiles las entrevistas estructuradas y semiestructuradas, que incluyen un módulo especial para la evaluación del trastorno. La utilidad de las escalas no se limita al diagnóstico, también guarda relación con el seguimiento y la respuesta al tratamiento.
  • El profesional debe diseñar un plan terapéutico adaptado a las necesidades de cada paciente. Las intervenciones deben estar dirigidas a las áreas disfuncionales. Dada la frecuencia elevada de comorbilidades y disfunción múltiple, el tratamiento deberá incluir diferentes modalidades de estrategia según las características del paciente y del trastorno. En este sentido, se considera útil la combinación de psicoterapia individual y familiar, farmacoterapia e intervenciones escolares. El entrenamiento individual en la resolución de problemas y la intervención familiar son estrategias de utilidad comprobada en diferentes estudios. El diseño del tratamiento deberá adecuarse a la edad de los pacientes, aunque la intervención farmacológica puede ser útil para todos.
  • La intervención familiar debe efectuarse sobre la base de estrategias evaluadas en forma empírica. El entrenamiento de los padres para manejar a los pacientes se basa en la disminución de los reforzadores positivos de la conducta disruptiva, el reforzamiento de la conducta adecuada, la aplicación de castigos en presencia de conducta disruptiva y la existencia de una respuesta paterna predecible, contingente e inmediata. Así, puede abordarse la génesis de la conducta oposicionista vinculada a las demandas paternas y el reforzamiento de la conducta disruptiva por parte de los padres. Entre las estrategias sugeridas se incluyen la terapia familiar multisistémica y la terapia familiar funcional.
  • El tratamiento farmacológico puede ser de utilidad como adyuvante, para lograr la mejoría sintomática y en presencia de comorbilidades. El tratamiento farmacológico no es curativo ni debe ser la única intervención aplicada. Su utilidad tiene lugar en presencia de una alianza terapéutica adecuada y un control continuo de la adhesión, el cumplimiento y el uso adecuado de los fármacos. La ausencia de respuesta ante la administración de un medicamento puede requerir un intento de tratamiento con otro tipo de fármaco. Entre los agentes con utilidad comprobada se incluye la atomoxetina, cuya administración es adecuada en caso de comorbilidad con TDAH. En pacientes con diagnóstico principal de trastorno disocial se informó la utilidad de los estabilizadores del estado de ánimo, de los antipsicóticos y de los estimulantes. Los antipsicóticos atípicos son los fármacos más prescritos en los pacientes con agresividad aguda y crónica. Dado que la agresividad y el oposicionismo se presentan en los pacientes con otros trastornos, el tratamiento farmacológico debería dirigirse al trastorno comórbido. No se recomienda el empleo de inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina como fármacos de primera línea en ausencia de depresión mayor o trastornos de ansiedad debido a cuestiones de seguridad vinculadas a su empleo en pacientes jóvenes.
  • En los casos más graves y persistentes, el tratamiento deberá ser intensivo y prolongado. Los pacientes con TOD más grave y persistente pueden evolucionar hacia un trastorno disocial o presentar un trastorno disocial subclínico. Siempre será necesario considerar la seguridad de los pacientes y su entorno en términos de riesgo de autoagresividad y heteroagresividad a fin de diseñar un plan terapéutico acorde. En algunos casos será necesario el hospital de día o la internación. Esta última supone riesgos vinculados con la separación de la familia y la victimización institucional. En todos estos casos, el objetivo debe ser el regreso al ámbito familiar y comunitario. Siempre debe preferirse la aplicación de una estrategia de tratamiento intensivo en el hogar a una internación.
  • Existen intervenciones ineficaces. Las intervenciones drásticas, breves o a corto plazo no suelen ser eficaces. Las estrategias vinculadas con los campamentos de entrenamiento o encarcelación son ineficaces y hasta perjudiciales, ya que la exposición a situaciones temidas sólo conduce a un empeoramiento sintomático.
Información científica y consenso clínico
Las estrategias prácticas para el tratamiento de los pacientes con TOD son de utilidad para favorecer la toma de decisiones. Estas estrategias involucran el empleo de parámetros elaborados sobre la base de la literatura científica y el consenso clínico. Si bien permiten evaluar y tratar a los pacientes de un modo eficaz, no definen un nivel estándar de atención. En todo caso, la decisión del tratamiento debe realizarla el profesional de acuerdo con las características de los pacientes y sus familias y con los recursos diagnósticos y terapéuticos disponibles.

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Genealogía de la psicomotricidad

En el transcurso del siglo XIX se llevaron a cabo progresos de la Neurofisiología normal y patológica que posibilitaron avances en la concepción de la motricidad.
Las investigaciones se centraron en:
a. Desde la patología cortical:
• Disturbios de las funciones simbólicas de localización cerebral cortical (afasia de Brocca y Wernicke).
• Pérdida de cierto uso de la función, sin poder localizar la lesión (apraxia ideomotora)

b. Desde la neurofisiología:
• En 1906, C. S. Sherrington investigó y precisó la «acción integradora» del sistema nervioso, a partir de lo cual la médula espinal fue reconocida como capaz de integrar las informaciones, es decir, analizar los estímulos y responder a ellos de manera adaptada.

c. Desde la neuropsiquiatría infantil:
Ernest Dupré describió, en 1907, una nueva entidad: el cuadro de Debilidad Motriz, relacionándolo con el de Debilidad Mental. Síndrome no atribuible a una lesión del sistema piramidal. "Estado patológico y congénito del movimiento, hereditario y familiar a veces, cuya característica es la exageración de los reflejos tendinosos, la alteración del reflejo plantar, sincinesias y torpezas en los movimientos intencionales involuntarios, que llegarían a hacer imposible la libre resolución muscular. Para nombrar dichos trastornos propongo la palabra «Paratonía»" (E. Dupré)
Algunos autores consideran a Dupré el creador de la noción de Psicomotricidad.
Sus investigaciones dieron lugar a:
1) La precisión de las etapas del desarrollo psicomotor y los problemas que puedan surgir a lo largo de éste.
2) La descripción de la «debilidad motriz», que responde a un problema de organización y armonización de diferentes funciones sostenidas por un cerebro que madura progresivamente.
3) El establecimiento de un "estrecho paralelismo existente entre las funciones motrices del movimiento y de la acción, y el desarrollo de las funciones psíquicas; a cada estado psíquico corresponde un estado motor." (E. Dupré)
Desde esta perspectiva, la función motriz comienza a ser considerada en su relación con la inteligencia y el carácter, instalándose así las bases de la concepción de la Psicomotricidad.

d. Desde la Psiquiatría, la Medicina, la Neurología, la Psicopatología, la Pedagogía, la Psicología y el Psicoanálisis:
• Invalorable aporte en la construcción de la teórica y la práctica psicomotriz, de los numerosos autores, médicos y pedagogos que investigaron acerca del desarrollo del niño: E. Dupré, G. Heuyer, A. Collin, A. Gessell, A. Thomas, E. y G. Guilmain, H. Wallon, N. Otzeretsky, J. Piaget, Vigotsky, J. de Ajuriaguerra, S. Freud, J. Lacan, D. Winnicot, F. Doltó, J. Bergès entre los grandes investigadores y pensadores.

Extracto del Proyecto de ley para el ejercicio profesional de la psicomotricidad.

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Snoezelen o sala multisensorial


Snoezelen: es la unión de dos verbos en idioma holandés/neerlandés, snuffelen (explorar) y doezelen (relajarse), y resultado de una propuesta a finales de los años ’70 llevada a cabo por los terapeutas de dicha nacionalidad, Jan Hulsegge y Ad Verheul, del instituto de Hartenberg, centro dedicado a personas con demencia.
La sala con que iniciaron el proyecto contó tan sólo con tinta mezclada con agua y proyectada en una pantalla, objetos táctiles, instrumentos musicales, ventilador, botellas de jabón perfumado y alimentos de distintos sabores.
Ese fue el inicio de las denominadas salas de estimulación multisensorial.
Poco a poco, la experiencia fue desarrollada en distintos países de Europa consiguiendo resultados positivos no sólo con deficientes mentales, sino con autistas, distintas discapacidades, enfermedades degenerativas como el Alzheimer e incluso, enfermedades que provocaban dolor de cualquier índole, ya que este tipo de espacios sensoriales conseguía atenuar el estrés de los pacientes, contribuyendo a su rápida recuperación funcional.
Las salas de estimulación multisensorial, entonces, son espacios habilitados para que las personas con algún tipo de discapacidad puedan interactuar con el medio a través de la estimulación de sus sentidos. Constan de diferentes espacios (visuales, olfativos,
comunicativos e interactivos, etc.) y tienen por fin estimular según las características específicas de cada sujeto.
En mi opinión, y evitando utilizar la palabra “integración” ya que en Terapia Ocupacional la propuesta de “Integración Sensorial” tiene otro fundamento y otra dinámica, la propia sala así equipada, constituye un espacio terapéutico controlado cuyo objetivo es experimentación significativa, la vivencia pautada de los sentidos y la mejora de la calidad de vida de todas aquellas personas con algún déficit físico o psíquico determinado. 
Desde la psicomotricidad, las actividades a desarrollar en este tipo de ambientes, potencian cada canal sensitivo que ya son trabajados en cada sesión según sea el paciente y requiere igualmente de un ordenamiento y sistematicidad que nos acerca no sólo al concepto de estimulación, sino al de estimulación basal, concepto que abordaré en otro post.
En los espacios multisensoriales, la idea es favorecer la relajación, la normo-tonicidad o tonicidad ideal, la calma motora y mental, simplemente ajustando la iluminación, la atmósfera, los sonidos y las estructuras a las necesidades específicas de cada paciente.
Los materiales de una sala de estimulación multisensorial dependerán de las características de cada uno pero generalmente se las dota de camas de agua, piscinas de bolas, paneles táctiles, manojos de fibra óptica, tubo de burbujas y sectores, bien definidos, visuales, olfativos, gustativos, táctiles, auditivos, comunicativos e interactivos, y de relajación.


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Inestabilidad Psicomotriz II

El diagnóstico diferencial del inestable psicomotriz, debe llevarlo a cabo  un equipo entre los que se encuentran: neurólogo, psicomotricista, kinesiólogo y psicólogo. El docente podrá sugerir a los padres realizar una visita al pediatra, con un informe detallado de las características y comportamiento del niño dando su diagnóstico presuntivo, y es éste, quien dispondrá como se iniciará el diagnóstico y seguimiento.
El tratamiento específico se realiza a nivel motor, pero este no podrá llevarse a cabo en su plenitud dentro de la escuela; por lo tanto, el docente deberá pedir informe a los profesionales que trabajan terapéuticamente con el niño, para conocer la magnitud del problema y solicitar estrategias de trabajo en cuanto a tiempos, modalidad, exigencias, etc. Al niño inestable le será muy complicado el manejo del cuaderno y el cumplimiento a término de la tarea escrita, entonces el maestro podrá colaborar manejando con marcas la disposición de las tareas, y controlando los tiempos.
Puede ser útil el uso de 'carteles' para centrar la atención del niño solo en la resolución de la tarea. A nivel gráfico, la inestabilidad puede provocar disgrafías, la que será tratada específicamente siendo, a veces, tan sólo una ejercitación caligráfica.
El tratamiento desde la Psicomotricidad
Debe ser tratado periódicamente con reeducación psicomotriz con ejercicios de estructuración de ritmo, desplazamiento en el espacio, conocimiento progresivo del cuerpo y de sus articulaciones que son la base del desarrollo de la coordinación y que permitirán el control del movimiento y los gestos. Desde el punto de vista técnico-instrumental el aporte del abordaje psicomotor puede pensarse desde la administración de tres recursos básicos: relajación  y  ejercicios de distensión, juego corporal y técnicas grafoplásticas.

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Inestabilidad Psicomotriz I

El neuropsiquiatra Julián de Ajuriaguerra define como Inestabilidad Motriz a la “...incapacidad para permanecer en un sitio, y a menudo, una actividad motriz inútil”.
Según el Diccionario de Psicología de Alberto Merani “se caracteriza por desajuste motriz, pequeños movimientos parásitos, incapacidad para permanecer inmóvil y reactividad muy viva”.
Henri Wallon ha reunido sus investigaciones en relación a las conductas de inestabilidad en un libro cuya traducción al castellano es El niño turbulento (o El niño revoltoso (1925); el término turbulencia caracteriza el exceso de movimiento sin intencionalidad productiva o comunicacional directa (o fácilmente decodificable). En dicha obra dice: “...la excitación (sensitivo-emocional), prescindiendo de la representación por el acto, se descarga inmediatamente sobre la esfera motriz en lugar de propagarse conmoviendo y secretando la conciencia”.
Daniel Calmels, psicomotricista y escritor, refiere que “La observación demuestra que el niño con hiperactividad no presenta un aumento de sus actividades, sino una ausencia o trastorno en la resolución o realización de estas. Lo que el niño no puede realizar es comenzar-continuar-terminar un movimiento volcado hacia un fin determinado. El niño inestable está impedido de la acción que conduce al acto. Hay una hipermovilidad, sin una causal prefijada, o si esta existe no llega a resolverse en su totalidad. Un niño inestable, en el real sentido de la palabra sería aquel que se compromete con una cantidad excesiva de actividades, para lo cual se requiere de un monto de atención considerable.” (Extraído de: Trastornos en el desarrollo infantil, Capítulo III, Colección dirigida por Jaime Tallis, Buenos Aires Miño y Dávila, 2002.)
El niño con inestabilidad psicomotriz, entonces, es incapaz de inhibir sus movimientos, así como la emotividad que va ligada a éstos.
Es incapaz de mantener un esfuerzo de forma constante y se muestra muy disperso. Suele predominar la hiperactividad y las alteraciones en los movimientos de coordinación motriz. Hay una constante agitación motriz.
La tendencia a trepar y subir, para luego saltar, es un rasgo común, buscando en estas experiencias un encuentro particular con su cuerpo en el momento de la caída.
Suele tratarse de un niño problemático y mal adaptado escolarmente; presenta problemas de atención, de memoria y comprensión, así como trastornos perceptivos y de lenguaje. El propio fracaso escolar aumenta su desinterés por los aprendizajes desencadenándose toda una secuencia de alteraciones que recaen a su vez sobre otras.
Se trata de una agitación continua y desordenada, sin un objetivo útil en relación con una tarea. El niño presenta necesidad de movimiento y de contacto excesivo, que no puede satisfacer.
A menudo son niños muy emotivos resultando difíciles sus relaciones. Se puede distinguir dos tipos de inestables psicomotores:
Los que padecen un trastornos genético o neurofisiológico posiblemente hereditario o traumatismo orgánico. O aquellos cuya inestabilidad esta más relacionada con traumatismos psico-afectivos, o que pueden estar relacionados con una inseguridad y una inestabilidad del medio.
Esta última definición, es la que más nos interesa dentro del contexto de estudio de la psicomotricidad. La separación o la ausencia de los padres y la inseguridad del medio de vida o del entorno, contribuyen a esta falta de maduración psíquica y motriz.

Detección
En el ámbito escolar nos encontraremos con un niño sumamente difícil de manejar. Es aquel que estará constantemente agitado, no logrando quedarse quieto y perturbando la clase.
Estos niños no se mantienen sentados y, por lo tanto, no responden a la tarea escolar, no prestan atención y no se concentran.
Sus cuadernos suelen ser incoherentes en cuanto a la ubicación espacial y la secuencia de tareas.
Las fallas escolares despiertan en él otras atracciones tales como ser líder, ser gracioso, hablar constantemente y dificultar la tarea de la clase en general. En cuadros más severos, esta inestabilidad dentro del marco escolar, despierta en el niño cierta agresividad, producto de la gran actividad impulsiva y la imposibilidad de compartir con otros niños la clase.
Desde el punto de vista motor, al estar el niño siempre agitado, presenta a menudo tics, tartamudez y otros trastornos de lenguaje; su coordinación motriz está perturbada y su relación con los objetos sufre su falta de control tónico motor.
Afectivamente, nos encontramos ante un niño hiperemotivo, generalmente se opone a todo, rechaza constantemente y, tiende enojarse con facilidad.
Todas estas características de gran impulsividad para actuar, frecuentemente van acompañadas de una agresividad que puede volverse sobre sí mismo.

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